Aquí vamos a escribir entre todos un libro. Cada uno puede aportar lo que se le ocurra para continuar la historia desde el punto en el que lo dejó otro alumno. ¿Quién empieza?


SIN RASTRO
Estoy aquí sentado en esta silla a la que le queda poco de blanca, desgastada comida por el intenso sol de la isla de Bioko, Guinea, bajo una cubierta que me protege, y nada más que unos pantalones cortos que eran azules y ahora no acierto a distinguir bien el tono. Me llaman Abdul Alí y tengo 17 años. Siempre estoy por el yacimiento arqueológico. Conozco a John, el arqueólogo; siempre me ayuda, me deja que le lleve sus bártulos de la camioneta a la zona donde va a trabajar. A cambio me da unas monedas. Espero, pero no sé a qué…..
¡Eh, chico, Alí! dice John.
Dígame, señor John, ¿Precisa de mi ayuda? Hoy aún no he comido y me vendría muy bien que usted me encargara algún trabajo a cambio de monedas o algún trozo de pan.
Pues sí, Alí, necesito de tu ayuda pero no para que me hagas ningún porte sino para que me ayudes a resolver una adivinanza que me está volviendo loco comentó John con aire ansioso mientras daba vueltas a la habitación mordiendo una pequeña rama de árbol. Mira chico esto es importante, ya solo quedan unos dos millones de personas en todo el planeta, dentro de 150 años nuestra especie se habrá extinguido por completo. Aquí en esta misma isla esta la clave de nuestra propia supervivencia
- eso es en el 56……. 5.956 mmmm yo seré mayor para entonces
- no estúpido no te has enterado no serás nada. Despierta, como sabes, desde el siglo pasado las plantas nos matan, es cuestión de supervivencia. Han evolucionado y nos aniquilan.
- Y dígame. ¿que puedo hacer yo?
- Mira los restos que he sacado de aquí son de hace cien millones de años, pero lo más curioso es que su genética es más avanzada que la nuestra. Creo muchacho que esto ya sucedió antes.

Ayudo en lo que puedo al Sr. John con sugerencias y comentarios que siempre desestima aunque creo que sin decírmelo le sirven. Tiene entre las manos una pieza que parece ósea pero yo no lo sé. Al lado hay un cráneo. A mí me da igual por que lo único en lo que pienso es en comer. El Sr. John tiene 63 años una barba blanca, gafas, viste con camisa y pantalón corto y unas botas marrones. Me lleva hasta su todo terreno y saca una mochila con comida, almorzamos. Esto nunca antes, y hace siete años que lo conozco, había pasado. Algo se barruntaba y yo no estaba dispuesto a perdérmelo. El Sr. John estaba solo, así que a partir de este momento no nos separamos.
Llueve todos los días un mar en una hora, pero esta tierra no sacia su sed, el Sol seca el suelo y provoca esta asfixiante humedad que no te deja apenas respirar. En el laboratorio el profesor John examina una colección de huesos y piezas, no para de mandarme copiar sus palabras en una libreta. El Sr. John duerme, ayer por la tarde estuvo ocupado en una reunión con gente de la isla y debieron de estar discutiendo hasta bastante tarde e intuyo de lo que discutían porque se fue de aquí murmurando entre dientes, aunque como no le entiendo no puedo repetir lo que murmuraba. Los días pasan, desayunamos té, vamos al laboratorio, algunos días al yacimiento, y una prueba tras otra, desde las 6 am hasta las 10 pm luego tengo un poco de tiempo y voy a ver a un amigo cerca del puerto. Esta mañana el profesor John tiene una jeringa grande, con los números de las medidas, y un líquido de color verde intenso muy oscuro casi negro y muy líquido. Me pregunta haciendo un gesto con la cabeza y la mirada, automáticamente mi cara se pone del mismo color y necesito ir a vomitar